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lunes, 26 de agosto de 2013

Salvado y Santificado por Fe (Por Neil Anderson)


El apóstol Pablo escribió: "sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado" (Rom. 6:6). El apóstol está diciendo que hay algo que debemos saber, no algo que debemos hacer, y el verbo está en tiempo pasado. Los creyentes en dificultades tratan de hacer morir al viejo hombre, pero no lo logran. ¿Por qué no? ¡Porque ya está muerto! Usted no puede hacer por usted mismo lo que Cristo ya ha hecho por usted. Dado que muchos cristianos no viven la vida abundante, incorrectamente se preguntan: "¿qué tiene que ocurrir para que esto sea verdad?" Lo único que tenía que suceder para que eso fuera verdad pasó hace casi dos mil años, y la única manera de ser partícipe de ello es por fe.

Un pastor muy querido que escuchó de nuestro ministerio pidió una cita. Él dijo: "He luchado durante veintidós años en el ministerio, y finalmente creo que sé cuál es la respuesta. En mi tiempo de devocional leí: "Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios " (Col. 3:3). "Eso es todo, ¿no?". Yo le aseguré que así era. Entonces preguntó: "¿Cómo puedo hacer eso?" Sugerí que leyera el pasaje un poco más lento. Durante veintidós años ha estado tratando desesperadamente de llegar a ser alguien que ya es, y tal es el caso de muchos otros creyentes. No es lo que hacemos lo que determina quienes somos, sino lo que somos determina lo que hacemos. No trabajamos en la viña con la esperanza de que algún día Dios nos ame. Dios nos ama y es por eso que trabajamos en la viña. No servimos a Dios con la esperanza de que algún día Dios nos acepte. Ya somos aceptos en el Amado; es por eso que le servimos.

Necesitamos aprender a aceptar lo que Dios dice que es verdad y vivir de acuerdo con ello por fe. Cuando lo hacemos se refleja en nuestra experiencia. Si tratamos de hacer lo que Dios dice que es verdad por medio de nuestra experiencia, nunca lo lograremos. Pablo señala la inutilidad de esa manera de pensar en Gálatas 3:2-3 "Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?". Somos salvados por fe, y caminamos o vivimos por fe. Hemos sido santificados por fe, y estamos siendo santificados por fe. No somos ni salvados ni santificados por la forma en que nos comportamos. Nuestro comportamiento es sólo un reflejo de lo que estamos eligiendo creer.

Por Neil Anderson

viernes, 23 de agosto de 2013

En Cristo (Por Neil Anderson)


Juan 3:3 ...De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Estar en Cristo y todo lo que significa para la madurez y libertad cristiana, es el gran tema del Nuevo Testamento. Por ejemplo, en los seis capítulos del libro de Efesios hay 40 referencias a estar en Cristo y a tener a Cristo en ti. Para cada referencia de Cristo estar en ti hay 10 de estar en Cristo. Estar en Cristo es el elemento más crítico de nuestra identidad.

Pero no nacimos en Cristo. Nacimos en pecado gracias al primer Adán. ¿Cuál es el plan de Dios para transformarnos de estar en Adán a estar en Cristo? Debemos nacer de nuevo (Juan 3:3) El nacimiento físico sólo nos da vida física. La vida espiritual, la vida eterna que Cristo promete a aquellos que vienen a Él, sólo se gana a través del nacimiento espiritual (Juan 3:36)

¿Qué significa estar vivo espiritualmente en Cristo? En el momento que naciste de nuevo tu alma se unió a Dios de la misma forma que Adán estuvo en unión con Dios antes de la caída. Tu unión espiritual con Dios está completa y es eterna porque la ha provisto Cristo, el último Adán. Mientras Cristo siga vivo espiritualmente, tú permanecerás vivo espiritualmente, y eso es por la eternidad.

Contrario a lo que muchos cristianos creen, la vida eterna no es algo que obtienes cuando mueres. Tú estás vivo espiritualmente en Cristo en este momento. Así es como pudiste estar en unión con Dios, al nacer de nuevo espiritualmente. Nunca estarás más vivo espiritualmente de lo que estás ahora. La única cosa que cambiará cuando mueras físicamente es que cambiarás tu cuerpo viejo terrestre por uno nuevo. Pero tu vida espiritual en Cristo, la cual comenzó cuando confiaste personalmente en Él, simplemente continuará.

La salvación no es una añadidura futura, es una transformación presente. Y esa transformación ocurre en el nacimiento espiritual no en la muerte física. La Palabra de Dios promete: "El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" (1Juan 5:12) La vida eterna es algo que posees en este momento porque están en Cristo. Créelo y regocíjate en ello.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Gracias Señor porque mi vida eterna es una realidad presente. Me regocijo en esta maravillosa seguridad y garantía, en Cristo Jesús, amén.

martes, 6 de agosto de 2013

Un Nuevo Corazón (Por Neil Anderson)


De acuerdo con las Escrituras, el centro de la persona es el corazón. En nuestro estado natural "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso" (Jer. 17:9). Es engañoso porque nació así y ha sido condicionado desde el momento del nacimiento por el engaño de un mundo caído, y no por la verdad de la Palabra de Dios. De acuerdo con Proverbios 4:23, el corazón es el "manantial de donde mana la vida" en el cual la maldad no debe echar raíces. Por ejemplo, esa es la razón por la que debemos perdonar desde el corazón y no permitir que una raíz de amargura se origine, por la cual muchos puedan ser contaminados (Hebreos 12:15). No va a encontrar un pasaje similar en el Nuevo Testamento que describa al corazón de los creyentes de la misma manera como lo hizo Jeremías, porque nos ha sido dado un espíritu nuevo y un corazón nuevo (Ezequiel 11:19; 36:26).

El creyente es descrito como una nueva creación con una nueva vida que tiene nuevos deseos y un nuevo rumbo. La disposición del corazón de un verdadero creyente está orientada hacia Dios. Aunque todavía pecamos, este pecado se relaciona con un nivel más en la superficie de nuestro ser. La carne va a actuar contrario a la persona real del nuevo corazón. A pesar de que todavía podemos elegir vivir según la carne, hacer esto no cambia la naturaleza real del corazón ni nuestra identidad en Cristo.

H. Wheeler Robinson contó 822 usos de la palabra corazón refiriéndose a algún aspecto de la personalidad humana. De acuerdo con su clasificación, 204 de los pasajes estaban relacionados con la mente, 195 con la voluntad, y 166 con la emociones. Piense en el corazón como el centro de nuestro verdadero ser en lugar de la sede de nuestras emociones. Cuando la verdad entra en el corazón, inmediatamente impacta el afecto y acciona la voluntad.

Intelectualmente podemos reconocer la verdad de tal manera que nunca toque nuestro corazón. La escuela quiere ampliar la mente, pero Dios quiere agrandar el corazón. Usted puede saber sobre teología y ser arrogante, pero ¡no se puede conocer a Dios y ser arrogante! El conocimiento envanece, mas el amor edifica (1 Cor. 8:1). Tener el conocimiento como meta es un problema muy grande en la educación cristiana. Se distorsiona el propósito para el cual fue diseñado. "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida" (1 Tim. 1:5).

Por Neil Anderson

jueves, 25 de julio de 2013

No Más Esclavos (Por Neil Anderson)


La esclavitud en los Estados Unidos fue abolida por la Decimotercera enmienda constitucional el 18 de diciembre de 1865. ¿Cuántos esclavos había el 19 de diciembre de 1865? En realidad, ni uno, pero muchos seguían viviendo como esclavos. Algunos continuaban porque jamás habían conocido la verdad de que eran realmente libres. Algunos no creyeron la verdad y continuaron viviendo como les habían enseñado. Otros razonaban que, ya que seguían haciendo las mismas cosas que hacían cuando eran esclavos, entonces debían seguir siendo esclavos. Mantenían su identidad de esclavos por las cosas que hacían. Como aún se sentían como esclavos, no querían ser hipócritas e ir en contra de sus emociones. Después de todo, sus emociones siempre les han dicho la verdad y ser libres en Cristo es sólo una verdad posicional, ¡no una verdad tangible!

Uno de los que fueron esclavos, sin embargo, escucho las buenas noticias y las recibió con gran gozo. Verificó la validez de la enmienda y encontró que ésta emanaba de la autoridad suprema. No sólo eso, sino que le costó a la autoridad suprema un gran precio, que con gusto pagó. Como resultado, la vida del esclavo fue transformada. Él correctamente razonó que sería hipócrita creerle a sus emociones y no a la verdad. Determinó vivir de acuerdo con lo que él sabía que era verdad, y sus experiencias comenzaron a cambiar radicalmente. Se dio cuenta de que su antiguo dueño ya no tenía autoridad sobre él y no necesitaba obedecerlo. Gozoso sirvió a aquel que lo hizo libre.

Cristo hizo dos cosas por aquellos que estaban bajo el yugo de la esclavitud. Primero, redimió a aquellos que estaban bajo la ley. Los judíos estaban esclavizados bajo todo el sistema Mosáico. Era la esclavitud del legalismo. Segundo, la encarnación, muerte, y resurrección de Cristo aseguró para todo los creyentes su derecho de nacimiento como hijos. "Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo"  (Gal. 4:6-7). Los verdaderos creyentes pueden no sentirse libres del pecado, ni sentirse como hijos de Dios, pero realmente lo son. El Espíritu Santo vive en el corazón de cada creyente garantizando nuestra posición en la familia de Dios. El Espíritu mueve al creyente a orar: "Abba, Padre". La palabra Abba es la palabra aramea para Padre. Usualmente la usaban los niños pequeños para referirse a sus padres. Sería parecida a la palabra castellana "papá". Ésta implica intimidad y confianza contraria a esclavitud y legalismo.

Por Neil Anderson

miércoles, 24 de julio de 2013

Una Nueva Persona en Cristo


El Apóstol Pablo escribió en Rom. 6:6 que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo. Esto fue un acto decisivo y definitivo en el pasado del creyente. En Col. 3:9-10, Pablo exhorta a los creyentes a que dejen de vivir en los viejos pecados de sus vidas pasadas: "habiéndonos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo". Pablo hace una exhortación similar en Ef. 4:22-24; "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad".

En Rom. 6:6, Col. 3:9-10, Pablo claramente enseña una acción pasada sin lugar a dudas, que ocurrió en el momento en que nacimos de nuevo, pero el pasaje en Efesios implica una acción continua de nuestra parte. El viejo yo fue crucificado con Cristo (santificación posicional), pero como creyentes tenemos que hacer nuestra parte despojándonos del viejo yo y revestirnos del nuevo yo (santificación progresiva). Ésta no es una exhortación para hacer nuevamente por nosotros mismos lo que Cristo ya hizo por nosotros. Pablo está diciendo que somos nuevas personas en Cristo que necesitamos convertirnos en la práctica en lo que Dios ya nos hizo. Debemos de tener la voluntad de no dejar que nuestra "vieja manera de vivir" impacte en quienes somos nosotros ahora.

Esta metamorfosis espiritual es ilustrada en la situación apremiante de la oruga. Esta pequeña criatura rastrera tiene el instinto de subir a lo más alto que pueda por sus propias fuerzas, usualmente a la rama de un árbol. Ahí teje un pequeño botón que forma la coyuntura para el capullo que crea girando sobre ella misma mientras pende de cabeza. La oruga entonces deja de existir, y una milagrosa transformación ocurre. La oruga se ha "crucificado" a sí misma para "resucitar" como mariposa. La oruga se despojó de todo lo que era para convertirse en todo aquello que el Creador la había diseñado que fuera.

 La oruga no puede recibir el crédito de haberse convertido en una mariposa más de lo que nosotros podemos recibir el crédito de convertirnos en hijos de Dios, lo cual nos es imputado por la gracia de Dios. Imagine qué pasaría con el crecimiento de la nueva mariposa si eligiera creer que todavía es una oruga y continuara arrastrándose en lugar de volar. La mariposa nunca alcanzaría su potencial, y tampoco nosotros si no creemos que somos nuevas criaturas en Cristo, y aprendemos a vivir de acuerdo a ello.

Por Neil Anderson

martes, 23 de julio de 2013

Los Tres Tiempos Verbales de la Santificación


He mencionado anteriormente que la salvación para un creyente es pasada (Ef. 2:8; 2 Tim. 1:8-9), presente (1 Co. 1:18; 2 Co. 2:5), y futura (Ro. 5:9-10; He. 9:28). En otras palabras, hemos sido salvados, estamos siendo salvados, y algún día seremos completamente salvos de la ira venidera. La salvación no estará completa sino hasta que recibamos nuestros cuerpos resucitados y estemos completamente en la presencia de Dios. La santificación también ocurre en las Escrituras en tiempo pasado (1 Co. 1:2; 6:12, Hech. 20:32), presente (Rom. 6:22; 2 Co. 7:1), y futuro (Ef. 5:25-27; 1 Tes. 3:12-13). En otras palabras, hemos sido santificados, estamos siendo santificados y algún día seremos plenamente santificados. El proceso de la santificación comienza en el momento del nuevo nacimiento y acaba en el cielo, cosa que todos esperamos.

La santificación pasada se ha denominado comúnmente santificación posicional. La santificación presente usualmente se le llama santificación progresiva o experiencial. Debemos de ser cuidadosos de no sobre enfatizar uno de los tiempos verbales a costa de los otros. El movimiento de la santidad se ha enfocado casi exclusivamente en la santificación posicional haciendo que algunos entiendan a la santificación como algo ya finalizada. Un hombre me vio directamente a los ojos y me dijo: "No he pecado en veinte años". Yo le contesté: "¿De verdad? Si yo le preguntara a su esposa, ¿estaría ella de acuerdo con tal aseveración?" Tal creencia puede llevar a la hipocresía. "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (1 Juan 1:8). Atención, es importante notar que "tener pecado" y "ser pecador" son conceptos completamente diferentes.

La teología que yo aprendí era más Reformada y se centraba más en la santificación progresiva, lo cual hacía al término casi sinónimo con el crecimiento cristiano o la madurez. La tendencia de esta visión es a referirse a la santificación pasada como simplemente una verdad posicional, como si ésta no tuviera importancia. Esto resulta en que algunos pasen el resto de sus vidas intentando convertirse en algo que ya son. La santificación posicional es realmente verdadera, y es la base de la santificación progresiva. Como creyentes nacidos de nuevo, no estamos intentado convertirnos en hijos de Dios, somos hijos de Dios que nos estamos volviendo más como Cristo. La santificación progresiva es el proceso de trabajar en nuestra salvación por fe, aquello que Dios ya ha trabajado en nosotros. Es volverse como Cristo.

Saber esto es extremadamente importante ya que la santificación es la voluntad de Dios para nuestras vidas (1 Tes. 4:3). A Él no le afecta si usted es carpintero, plomero o ingeniero, pero sí le importa qué clase de carpintero, plomero o ingeniero es usted. Él puede guiarlo en la selección de su profesión, pero Su voluntad es que usted se parezca a Él no importando lo que usted haga. Si usted no está en el camino de la santificación, Dios puede interrumpir sus planes para regresarlo al camino.

Por Neil Anderson

lunes, 22 de julio de 2013

La Batalla de la Mente (Por Neil Anderson)


Rom 7:25, 8:1  Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro... ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Romanos 7:22-23 señala el campo de batalla de contienda entre el pecado y yo: "Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros"

¿Dónde reside mi deseo de hacer el bien? Pablo usa la frase "el hombre interior" refiriéndose a mi nuevo yo donde mi espíritu y el Espíritu de Dios están en unión. Esta es la parte eterna de mí. ¿Y dónde libra el pecado su guerra para impedirme que yo haga lo que realmente quiero hacer? En los miembros físicos de mi cuerpo (Sant 4:1) El pecado opera a través de mi carne, la que aprendió la independencia y que continúa promoviendo la rebelión en contra de Dios. Esta es la parte temporal de mí. ¿Dónde entonces estos dos oponentes libran la guerra (Gál 5:17)? El campo de batalla es mi mente. Es por ello que es tan importante que aprendamos a renovar nuestras mentes (Rom 12:2) y a llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo (2Cor 10.5)

Pablo concluyó su descripción de contienda entre el pecado y el nuevo hombre con la exclamación: "¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rom 7:24) Nota que no dijo: "¡hombre pecador que soy!" Miserable se refiere a que no hay nadie más miserable que la persona que le ha permitido al pecado reinar en su cuerpo mortal. Si usamos nuestros cuerpos como instrumentos de iniquidad, le damos al diablo entrada en nuestras vidas y él sólo trae miseria.

Las buenas noticias es que a Romanos 7:24 le sigue Romanos 7:25 y Romanos 8:1 "¡Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro!... ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús"

La batalla por la mente es una batalla que se puede ganar.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Gracias Jesús por conocerme, entenderme y proveerme de una forma de escape para cada posible tentación.

domingo, 21 de julio de 2013

Los cristianos son santos que pecan (Por Neil Anderson)


Los creyentes han sido "llamados a ser santos" (Rom. 1:7), esto es, somos santos por Su llamamiento. Note que Pablo le escribe "a los santos" en Éfeso (Ef. 1:1) y Filipos (Fil. 1:1). Un santo no es alguien que se ha ganado su noble título viviendo de manera ejemplar o llegando a cierto nivel de madurez. En la Biblia, todos los creyentes son descritos como "santos" (por ejemplo 1 Co. 1:2; 2 Co 1:1). Ser un santo no necesariamente refleja cierta medida de crecimiento de carácter en el presente, pero sí identifica a aquellos que están rectamente relacionados con Dios. En las Escrituras los creyentes son llamados "santos", "santificados" o "justificados" más de 200 veces. En contraste, los incrédulos son llamados "pecadores" más de 300 veces. Claramente, el término "santo" se usa en las Escrituras para referirse a los creyentes mientras que "pecador" se usa para los no-creyentes.

A pesar de que el Nuevo Testamento enseña que los creyentes pueden, y de hecho pecan, nunca identifica de manera clara a un creyente como un "pecador". La referencia de Pablo a él mismo como "el primero de los pecadores" parecería contradecir su enseñanza (1 Tim 1:15-16). A pesar del uso del tiempo verbal presente por parte del Apóstol hay muchas razones, sin embargo, por las cuales Pablo se está refiriendo a su oposición al Evangelio antes de su conversión.

Primero, la referencia a él mismo como "pecador" es para sustentar la primera parte del versículo, "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores" (1 Tim. 1:15). La referencia a "los impíos y pecadores" unos versículos antes (v. 9) junto con los otros usos Neo Testamentarios del término "pecadores" para aquellos que están fuera de la salvación muestra que los "pecadores" que Cristo vino a salvar estaban fuera de la salvación.

Segundo, la referencia de Pablo a él mismo como "pecador" es inmediatamente seguida por la aseveración: "Pero por esto fui (tiempo pasado) recibido a misericordia" (v. 16), claramente señala hacia el evento pasado de su conversión. Pablo, el primero de los pecadores, se usa a él mismo como ejemplo de la ilimitada paciencia de Dios. Dada su actividad pasada, Pablo se consideraba a él mismo no merecedor de lo que, por la gracia y misericordia de Dios, él era en el presente, un apóstol que no era en nada "menos que aquellos grandes apóstoles" (2 Cor. 12:11).

Tercero, a pesar de que declarando que él era el "primero" de los pecadores, al mismo tiempo, el apóstol, declara que Cristo le ha dado la fortaleza para el ministerio considerándolo "fiel" o "fidedigno" para el ministerio al cual fue llamado (v. 12). El término "pecador", por lo tanto, no describe su presente posición como creyente, más bien, se usa para recordar aquello que fue antes de que Cristo lo tomara.

Como creyentes, no estamos intentando volvernos santos, somos santos que se están asemejando a Cristo. Ser santo es parte de nuestra santificación posicional. En ninguna manera niega la continua batalla contra el pecado. Los cristianos pueden elegir pecar, y muchos están dominados por la carne y engañados por el diablo. Como pecan, queremos llamarles pecadores, pero lo que hacemos no determina quienes somos. Decirles a los cristianos que son pecadores y luego disciplinarlos si no actúan como santos es contraproducente en el mejor de los casos e inconsistente con la Biblia, en el peor de ellos. Creer quiénes somos realmente en Cristo determina lo que hacemos.

Por Neil Anderson

sábado, 20 de julio de 2013

Crucificado juntamente con Cristo (Por Neil Anderson)


Pablo dijo: "soy muerto para la ley" (Gal. 2:19), porque "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (v. 20). Esto es únicamente posible gracias a nuestra unión con Cristo. El Apóstol Pablo identifica a cada creyente con Cristo:
  • En Su muerte (Ro. 6:3,6; Col. 3:1-3)
  • En Su sepultura (Ro. 6:4)
  • En Su resurrección (Ro. 6:5,8,11)
  • En Su ascensión (Efesios 2:6)
  • En Su vida (Ro. 6:10-11)
  • En Su poder (Ef. 1:19,20)
  • En su herencia (Ro. 8:16-17; Ef. 1:11-12)
Cuando Pablo dijo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado", él, literalmente, se refiere a haber sido y continuar siendo crucificado juntamente con Cristo. La vida eterna que recibimos en el momento de la salvación fue la vida eterna de Cristo, "para que el cuerpo del pecado sea destruido" (Ro. 6:6). El "cuerpo de pecado" se refiere a la persona o ser (viviendo en forma corporal) que está bajo la ley y el dominio del pecado. Esta persona fue "destruida" al ser crucificada con Cristo. El término griego "destruida" se podría traducir de igual manera como "hecho inefectivo o impotente" "traído a su fin"  o "ser liberado de". Nuestro viejo yo era esclavo del pecado y por lo tanto utilizaba toda nuestra existencia corporal para servicio del pecado y su dominio. Ese viejo yo ha muerto juntamente con Cristo. Ahora, un nuevo yo existe, el cual no está ya bajo el dominio del pecado.

El pecado reina a través de la muerte, por lo tanto la manera de liberarse del pecado es a través de la muerte (Ro. 6:6). Por lo tanto, si una persona muere, el pecado pierde dominio sobre esa persona. Ya que el creyente ha muerto juntamente con Cristo (participando juntamente con Él en Su muerte al pecado), el creyente es libre del domino del pecado y vive una nueva vida de libertad. He tratado con muchos cristianos que han creído las mentiras de Satanás de que la única manera de liberarse del pecado y de los demonios es morir físicamente, esto es, terminar ellos mismos su vida; pero los verdaderos creyentes ya han muerto juntamente con Cristo quien es el único que puede conquistar el pecado y la muerte. Tome nota de que la muerte es el final de una relación no de la existencia. De acuerdo con Pablo, estamos vivos en Cristo y muertos al pecado (Ro. 6:11). En Cristo, el pecado y la muerte ya no tienen dominio sobre nosotros.  La muerte física todavía es inminente, pero continuaremos viviendo espiritualmente aun si morimos físicamente. El pecado sigue estando presente y sigue siendo atractivo, pero no tenemos que ceder ante él. La ley de la vida en Cristo Jesús nos ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Créalo y viva de acuerdo con ello.

Por Neil Anderson

lunes, 15 de julio de 2013

Un santo que lucha (Por Neil Anderson)


Rom 7:15 porque lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

Quizá la descripción más vívida de la lucha con el pecado que se lleva a cabo en la vida del creyente se encuentra en Romanos 7:15-25, en los versículos 15 y 16 Pablo describe el problema: porque lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

Nota que sólo hay un jugador en estos dos versículos, el "yo" mencionado nueve veces. 

Nota también que esta persona tiene un buen corazón, está de acuerdo con la ley de Dios. 

Pero este cristiano de buen corazón tiene un problema de comportamiento. Él conoce lo que se supone que debe hacer, pero por alguna razón, no puede. Él está de acuerdo con Dios pero termina haciendo las cosas que odia.

Los versículos 17-21 descubren la razón de este problema de comportamiento: "de manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí... si estoy haciendo lo mismo que no quiero, yo no lo estoy haciendo, sino el pecado que mora en mí" ¿Cuántos jugadores hay ahora? Dos: "el pecado y yo" pero el pecado claramente no soy yo, sólo habita en mí. El pecado me impide hacer lo que quiero hacer.

¿Estos versos dicen que no soy bueno, que soy malo o que soy pecado? Absolutamente no. Ellos dicen que tengo algo dentro de mí que no es bueno, es malo y pecaminoso, pero no soy yo. Si tengo una astilla en mi dedo, puedo decir que tengo algo en mí que no es bueno. Pero no soy yo el que no es bueno, yo no soy la astilla. La astilla que está clavada en mi dedo no es buena. Yo no soy pecado y no soy un pecador. Soy un santo luchando con el pecado que me ocasiona hacer cosas que no quiero hacer.

Rom 6:12 nos dice que es nuestra responsabilidad no permitir que el pecado reine en nuestras vidas. El pecado reinará si usamos nuestros cuerpos como instrumentos de injusticia (Rom 6:13) Debemos renunciar a tal uso y someter nuestros cuerpos a Dios como instrumentos de justicia.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Gracias Señor porque no tengo que pecar. Tú has hecho posible para mí el que controle el poder del pecado sobre mí. Tú me liberaste de la paga del pecado y me has bendecido con el regalo de la vida eterna en Cristo, amén.

sábado, 13 de julio de 2013

El acusador de los hermanos (Por Neil Anderson)


Apoc 12:10 …ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

Después de la tentación, quizá el ataque más frecuente e insistente de Satanás al que somos vulnerables es la acusación. Por fe hemos entrado a una relación eterna con el Señor Jesucristo. Como resultado estamos muertos al pecado y vivos para Dios, y ahora estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales. En Cristo somos importantes, estamos calificados y somos justificados. Satanás no puede hacer absolutamente nada para alterar nuestra posición en Cristo ni nuestro valor ante Dios. Pero él puede hacer que seamos inoperantes si logra engañarnos al escuchar y creer sus mentiras insidiosas, acusándonos de ser poco valiosos ante Dios y ante otras personas.

Satanás generalmente usa la tentación y la acusación como un golpe brutal doble. Viene y dice:  “¿por qué no lo intentas?, todo el mundo lo hace, además puedes salirte con la tuya, ¿quién se va a enterar?” Luego tan pronto caemos en su tentación cambia su tono a acusación: “¿qué tipo de cristiano haría algo así?, eres terrible como para ser un hijo de Dios, nunca te saldrás con la tuya, mejor es que te des por vencido porque Dios ya lo hizo contigo”

Todos hemos escuchado la voz mentirosa y odiosa de Satanás en nuestros corazones y conciencias. Parece que nunca nos deja. Muchos cristianos están desalentados perpetuamente y derrotados porque creen sus mentiras persistentes acerca de ellos. Y aquellos que ceden ante sus acusaciones terminan privados de la libertad que Dios quiso que su pueblo disfrutara.

La buena noticia es que no tenemos que escuchar las acusaciones de Satanás y vivir en desesperación y derrota. Satanás no es nuestro juez, sólo es tu acusador. Cuando las acusaciones de Satanás de indignación te ataquen, no les pongas atención, en lugar de ello responde: “Yo he puesto mi confianza en Cristo y soy un hijo de Dios en Él, he sido rescatado por Dios del fuego del juicio y he sido declarado justo” Satanás no puede determinar un veredicto o dictar sentencia. Todo lo que puede hacer es acusarme y “yo no caeré en su trampa”

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Señor, cuando Satanás me acuse y me recuerde mi pasado, ayúdame a resistirlo y recordarle su futuro, en el nombre de Jesús, amén.

viernes, 12 de julio de 2013

Tu camino hacia Cristo (Por Neil Anderson)


Juan 10:10  El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir

¿Cómo es que los malos espíritus interfieren en nuestras vidas? Permíteme responder con una simple ilustración. Imagina que estás parado al final de una calle larga y estrecha y en ambos lados hay casas de dos pisos. Al final de la calle está Jesucristo y tu vida cristiana es el proceso de caminar por esa larga calle de madurez hacia Él. No hay absolutamente nada en la calle que te impida llegar a Jesús. Así que cuando recibes a Cristo, tú pones tus ojos en Él y comienzas a caminar.

Pero como este mundo todavía está bajo el dominio de Satanás, las hileras de casas a ambos lados de la calle están habitadas por seres que están comprometidos a impedir que alcances tu meta. Ellos no tienen poder o autoridad de bloquear tu camino o incluso frenar tus pasos, así que se asoman por las ventanas y te llaman esperando atraer tu atención lejos de tu meta e interrumpir tu progreso al tentarte, acusarte y engañarte.

¿Cuál es la meta del enemigo al hacer que sus demonios te tienten, se burlen de ti, te cuestionen desde las ventanas y puertas a lo largo de tu camino? Él quiere frenarte, que te detengas, te sientes y si es posible renuncies a tu camino hacia Cristo. Él quiere influenciarte para que dudes de tu habilidad de creer y servir a Dios. Recuerda: él no tiene poder alguno o autoridad para evitar que progreses constantemente en tu caminar hacia Cristo. Y nunca más podrá poseerte, porque tú has sido redimido por Jesucristo y tú eres de Él para siempre (1 Ped 1:18-19) Pero si él puede hacer que escuches los pensamientos que él planta en tu mente, él podrá influenciarte. Y si le permites que te influencie el tiempo suficiente a través de la tentación, acusación y engaño entonces podrá controlarte.

Si yo pudiera influenciarte a que creas una mentira ¿podría controlar tu vida? Sí. Pongamos nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (Heb 12:2) y llevemos todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo (2 Cor 10:5)

Por Neil Anderson

jueves, 11 de julio de 2013

El más grande objeto de nuestra fe (Por Neil Anderson)


Heb 13:8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

El hecho de que tú afirmes creer no es de lo que se trata la fe. Es en lo que tú crees o en quién crees lo que determinará si tu fe será o no recompensada. Todos andan por fe todos los días. Cada vez que conduces por la autopista, lo haces por fe. ¿Son confiables los objetos de tu fe en la carretera? La mayoría de las veces lo son ya que muchos conductores manejan cuidadosamente. Pero quizá hayas estado involucrado en un accidente debido a que pusiste tu fe en otro conductor que resultó no ser digno de confianza.

¿Qué sucede cuando el objeto de tu fe falla? Te das por vencido, (quizá no inmediatamente) pero ¿cuántos fracasos tolerarías antes de decir “nuca más”? Una vez que la fe es dañada o se pierde, es muy difícil recuperarla. Tu fe no es el problema, es el objeto de tu fe que ya sea recompensa o destruye tu fe. Si tu cónyuge te ha sido infiel o un amigo o familiar te ha herido gravemente, tu fe en esa persona es débil porque él o ella no alcanzaron tu estándar de confianza. Cuando la fe en una persona se rompe, puede tomar meses para reconstruirse.

Algunos objetos de fe, sin embargo, son sólidos. Tú ajustas tu reloj, planeas tu calendario y programas tu día creyendo que la tierra seguirá girando sobre su eje y alrededor del sol a la velocidad actual. Si la órbita de la tierra cambiara sólo unos grados, nuestras vidas se convertirían en caos. Pero hasta ahora las leyes que gobiernan el universo físico han sido los objetos de fe más confiables que tenemos.

El más grande objeto de fe, por supuesto, no es el sol sino El Hijo. Es Su inmutabilidad, el hecho de que nunca cambia,  lo que le hace eminentemente confiable (Núm 23:19, Malaq 3:6) Él nunca ha fallado en ser y hacer todo lo que ha dicho que Él haría o sería. Él es eternamente fiel.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Todo lo que he necesitado Tu mano ha provisto. Grande es Tu fidelidad para conmigo Señor.

jueves, 4 de julio de 2013

Más allá del límite (Por Neil Anderson)


1 Cor 6:12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.

La mayoría de nosotros quizá no seamos tentados a cometer pecados obvios como un robo armado, asesinato o violación. El ataque de Satanás es atraernos a llevar algo bueno más allá del límite de la voluntad de Dios hasta que se convierta en pecado. Él nos trata como la rana en la olla de agua: gradualmente aumenta la temperatura de la tentación esperando que nosotros no notemos que nos estamos acercando al límite de la voluntad de Dios y saltemos hacia afuera antes de que algo bueno se convierta en pecado.

Todo es bueno y legal para nosotros porque somos libres del pecado y ya no hay condenación de la ley. Pero las siguientes declaraciones revelan cómo podemos tomar erróneamente cosas buenas más allá de límite de la voluntad de Dios:

El descanso físico se convierte en pereza, la habilidad para los negocios se convierte en avaricia y codicia, el disfrutar la vida se convierte en exceso, el placer físico se convierte en sensualidad, el interés en las posesiones de otros se convierte en codicia, disfrutar la comida se convierte en glotonería, el cuidado personal se convierte en egocentrismo, el respeto a sí mismo se convierte en arrogancia, la comunicación se convierte en chisme, la cautela se convierte en incredulidad, el enojo se convierte en ira y en mal carácter, la misericordia se convierte en sobreprotección, el juicio se convierte en crítica, amistad (con el mismo sexo) se convierte en homosexualidad, libertad sexual se convierte en inmoralidad, la diligencia se convierte en perfeccionismo, la generosidad se convierte en desperdicio, la auto-protección se convierte en falta de honradez, la precaución se convierte en temor.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Señor, pido tu equilibrio en mi vida hoy para hacer lo que es provechoso sin ser dominado por nada, aún las cosas buenas, en el nombre de Jesús, amén.

martes, 2 de julio de 2013

La esencia de la tentación (Por Neil Anderson)


Heb 4:15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

He encontrado que muchos cristianos luchan con la distinción entre tentación y pecado. Bombardeados con pensamientos tentadores, ellos concluyen que debe haber algo realmente malo en ellos. Pero aún Jesús fue "tentado en todo según nuestra semejanza" pero terminemos el verso "pero sin pecado" Mientras estemos en el mundo estamos expuestos a la tentación igual que Jesús lo estuvo. Pero Él no pecó y nosotros tampoco tenemos que pecar (1 Cor 10:13)

La base de la tentación son necesidades humanas legítimas. Ya sea que veamos al mundo, la carne y el diablo para suplir nuestras necesidades o que veamos a Cristo quien promete suplir nuestras necesidades (Fil 4:19) La esencia de la tentación es la invitación a vivir independientemente de Dios.

El poder de la tentación depende del poder de las fortalezas que se han desarrollado en nuestras mentes cuando aprendimos a vivir independientes de Dios. Si tú creciste en un hogar cristiano donde las revistas y los programas de televisión de dudosa moral no estaban permitidos, el poder de la tentación sexual en tu vida no será tan grande como alguien que creció expuesto al material pornográfico. ¿Por qué? Porque tu necesidad legítima de ser amado y aceptado fue satisfecha por padres que  también te protegieron a la exposición de medios ilegítimos de satisfacer tus necesidades. La persona que creció en un ambiente de inmoralidad puede experimentar una mayor lucha con la tentación sexual simplemente porque esa fortaleza en la mente fue establecida antes de que naciera de nuevo.

Jesús fue tentado a satisfacer sus propias necesidades físicas usando sus atributos divinos independientemente del Padre, convirtiendo una roca en pan. Pero en lugar de hacerlo Él respondió "no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mat 4:4) Nosotros también debemos responder a las tentaciones descansando en que Dios suplirá nuestras necesidades

Por Neil Anderson

lunes, 1 de julio de 2013

Cómo nos percibimos a nosotros mismos (Por Neil Anderson)


Rom 8:16-17 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo

Lidia es una mujer de mediana edad que no le fue nada bien en la vida desde el principio. Recuerdos de rituales y abuso sexual que sufrió desde niña la habían atormentado continuamente a lo largo de su vida cristiana. Cuando me vino a ver, su imagen dañada parecía más allá de lo irremediable. Al contarme su historia, Lidia mostró poca emoción, pero sus palabras reflejaban desesperación total.

Cuando concluyó le pregunté "¿Quién eres tú Lidia? ¿Cómo te percibes a ti misma?"

"Soy mala" ella respondió estoicamente. "No soy buena para nadie, la gente me dice que soy mala y todo lo que hago es traer problemas"

"Tú no eres mala" argumenté, "¿Cómo podría una hija de Dios ser mala? ¿Así es como te percibes a ti misma?", ella asintió.

Nunca es agradable ver al maligno expresar su horrible personalidad a través de una víctima como Lidia. Pero al darse cuenta de que ella es principalmente el producto de la obra de Cristo en la cruz en lugar de la víctima de su pasado, ella fue capaz de deshacerse de las cadenas de esclavitud espiritual y comenzar a vivir de acuerdo a su verdadera identidad como hija de Dios.

Nada es más fundamental para tu libertad de la esclavitud de Satanás que tu entendimiento y afirmación de lo que Dios ha hecho por ti en Cristo y quién eres como resultado de ello. Todos vivimos de acuerdo con nuestra identidad percibida. De hecho, no podemos comportarnos constantemente de una manera que sea inconsistente con cómo nos percibimos a nosotros mismos. Tus actitudes, acciones, respuestas y reacciones ante las circunstancias de la vida son generalmente determinadas por tu auto-percepción consciente e inconsciente. Si tú te ves como la víctima indefensa de Satanás y sus maquinaciones, vivirás como su víctima y serás un esclavo de sus mentiras. Pero si te ves a ti mismo como el hijo entrañablemente amado y aceptado de Dios, lo que realmente eres, lo más probable es que vivas como un hijo de Dios.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Gracias Jesús porque me has hecho más que vencedor, porque debido a Tu amor y poder, puedo vivir como un vencedor en lugar de una víctima hoy.

viernes, 28 de junio de 2013

Cómo nos percibimos a nosotros mismos (Por Neil Anderson)


Rom 8:16-17 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo

Lidia es una mujer de mediana edad que no le fue nada bien en la vida desde el principio. Recuerdos de rituales y abuso sexual que sufrió desde niña la habían atormentado continuamente a lo largo de su vida cristiana. Cuando me vino a ver, su imagen dañada parecía más allá de lo irremediable. Al contarme su historia, Lidia mostró poca emoción, pero sus palabras reflejaban desesperación total.

Cuando concluyó le pregunté "¿Quién eres tú Lidia? ¿Cómo te percibes a ti misma?"

"Soy mala" ella respondió estoicamente. "No soy buena para nadie, la gente me dice que soy mala y todo lo que hago es traer problemas"

"Tú no eres mala" argumenté, "¿Cómo podría una hija de Dios ser mala? ¿Así es como te percibes a ti misma?", ella asintió.

Nunca es agradable ver al maligno expresar su horrible personalidad a través de una víctima como Lidia. Pero al darse cuenta de que ella es principalmente el producto de la obra de Cristo en la cruz en lugar de la víctima de su pasado, ella fue capaz de deshacerse de las cadenas de esclavitud espiritual y comenzar a vivir de acuerdo a su verdadera identidad como hija de Dios.

Nada es más fundamental para tu libertad de la esclavitud de Satanás que tu entendimiento y afirmación de lo que Dios ha hecho por ti en Cristo y quién eres como resultado de ello. Todos vivimos de acuerdo con nuestra identidad percibida. De hecho, no podemos comportarnos constantemente de una manera que sea inconsistente con cómo nos percibimos a nosotros mismos. Tus actitudes, acciones, respuestas y reacciones ante las circunstancias de la vida son generalmente determinadas por tu auto-percepción consciente e inconsciente. Si tú te ves como la víctima indefensa de Satanás y sus maquinaciones, vivirás como su víctima y serás un esclavo de sus mentiras. Pero si te ves a ti mismo como el hijo entrañablemente amado y aceptado de Dios, lo que realmente eres, lo más probable es que vivas como un hijo de Dios.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Gracias Jesús porque me has hecho más que vencedor, porque debido a Tu amor y poder, puedo vivir como un vencedor en lugar de una víctima hoy.

miércoles, 26 de junio de 2013

Un yo completamente nuevo (Por Neil Anderson)


Efe 5:8  Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz

Efesios 5:8 describe el cambio esencial de naturaleza que ocurre en la salvación. No dice que estabas en tinieblas, dice que eras tinieblas. Tinieblas era tu naturaleza, tu esencia como incrédulo. Tampoco dice que ahora estás en luz, dice que eres luz. Dios cambió tu naturaleza básica de tinieblas a luz. El asunto en este pasaje no está en mejorar tu naturaleza. Tu nueva naturaleza ya está determinada. El asunto es aprender a caminar en armonía con tu nueva naturaleza.

¿Por qué necesitas la naturaleza de Cristo en ti? Para que puedas ser como Cristo, no sólo que actúes como Él. Dios no nos ha dado el poder de imitarlo. Él nos ha hecho partícipes de Su naturaleza para que realmente podamos ser como Él. Tú no te vuelves cristiano al actuar como uno. No estamos sobre una base de comportamiento con Dios. Él no dice "aquí están mis estándares, ahora alcánzalos" Él sabe que tú no puedes resolver el problema de un viejo pecador al simplemente mejorar tu comportamiento. Él debe cambiar tu naturaleza, darte un nuevo yo, (la vida de Cristo en ti) que es la gracia que necesitas para alcanzar Sus estándares.

Ese era el punto de Su mensaje en el Sermón del Monte: "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mat 5:20) Los escribas y fariseos eran los religiosos perfeccionistas de ese tiempo. Tenían un comportamiento externo a ciencia, pero sus corazones eran como el interior de una tumba: apestaban a muerte. Jesús sólo está interesado en crear nuevas personas de adentro hacia afuera al darles una nueva naturaleza y crear en ellos una nueva persona. Sólo después de que Él cambia tu identidad y te hace partícipe de Su naturaleza serás capaz de cambiar tu comportamiento.

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Querido Jesús, gracias por rescatarme del reino de las tinieblas y transformarme en Tu maravillosa luz. Elijo caminar como tu hijo hoy, amén.

viernes, 21 de junio de 2013

Salvación es regeneración (Por Neil Anderson)


2 Ped 1:4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia

¿Qué dice la Biblia específicamente en cuanto a nuestra naturaleza? La palabra griega para naturaleza se utiliza de esta manera solo dos veces en el Nuevo Testamento. Efe 2:1-3 describe la naturaleza que todos compartimos antes de venir a Cristo "Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados... y éramos por naturaleza hijos de ira" ¿Cuál era tu naturaleza básica antes de que nacieras espiritualmente? Tú y cualquier cristiano "éramos por naturaleza hijos de ira", muertos en pecado, sujetos al poder de Satanás viviendo completamente para satisfacer deseos pecaminosos. Esta es la condición de todo incrédulo hoy.

La segunda aparición de la palabra está en 2 Ped 1:4 describiendo nuestra naturaleza después de que llegamos a Cristo. Él nos ha concedido Sus promesas preciosas y grandísimas para que por medio de ellas podamos convertirnos en partícipes de la naturaleza divina.

Cuando te unes espiritualmente a Dios a través de tu nuevo nacimiento, no añadiste una nueva naturaleza divina a tu vieja naturaleza pecaminosa. Tú intercambiaste naturalezas. La salvación no es solo un asunto de Dios perdonando tus pecados y otorgándote un pase para el cielo cuando mueras. La salvación es una regeneración. Dios te trasladó de las tinieblas a la luz, de pecador a santo. Hay algo nuevo en ti que no había antes. Si Dios no hubiera cambiado tu identidad en la salvación estarías atascado con tu vieja identidad hasta que murieras. ¿Cómo esperas crecer hasta madurar si no comienzas como un hijo transformado por Dios? Convertirse en un partícipe de la naturaleza de Dios es fundamental  para la identidad de los cristianos y su madurez.

Ya no estamos más en Adán. Estamos en Cristo. Todavía podemos escoger caminar de acuerdo a la carne, pero ¿por qué quisiéramos hacerlo? Tú no estás en la carne sino en el Espíritu si es que el Espíritu de Dios mora en ti. Y si no tienes el Espíritu de Cristo, no eres de Él. (Rom 8:9)

Por Neil Anderson

ORACIÓN
Señor, te pido que mi entendimiento de quién soy en Cristo pueda crecer para que pueda caminar la vida victoriosa que Tú aseguraste para mí, en el nombre de Jesús, amén.

jueves, 20 de junio de 2013

Nuestra transferencia (Por Neil Anderson)


Col 1:13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo

Quizá hayas escuchado la ilustración de dos perros. Algunas personas dicen que tenemos dos naturalezas dentro de nosotros compitiendo por el control de nuestras vidas. Afirman que nuestra vieja naturaleza pecaminosa, la cual heredamos del desobediente Adán, es como un gran perro negro. Nuestra nueva naturaleza la cual heredamos a través de la obra redentora de Cristo, es como un perro blanco. Estos dos enemigos son enemigos, con la intención de destruirse uno al otro. Cada vez que te involucras en pensamientos o comportamiento mundano, estás alimentando al perro negro. Cada vez que te enfocas en actividades espirituales estás alimentando al perro blanco. El perro que alimentes más, eventualmente crecerá más fuerte y vencerá al otro.

Esta ilustración dramática puede motivar a los cristianos a un comportamiento santo, pero ¿está basada en quiénes somos en realidad en Cristo? Debido a que Dios nos libró del dominio de las tinieblas y nos transfirió al reino de Su amado Hijo (Col 1:13) ¿podemos estar en ambos reinos? Cuando Dios declara que no vivimos según la carne sino según el Espíritu (Rom 8:9), ¿podemos estar en la carne y en el Espíritu simultáneamente? Cuando Dios dice que antes éramos oscuridad pero ahora estamos en la  luz del Señor (Efe 5:8) ¿puede ser posible que estés tanto en la luz como en la oscuridad? Cuando Dios declara que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Cor 5:17) ¿podemos ser parcialmente nuevas criaturas y parcialmente viejas?

Pero ten cuidado, ¿puede un cristiano pecar? ¡Claro que sí! Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros (1 Juan 1:8) Pero haber pecado y ser pecado son dos cosas completamente diferentes. Cuando escogemos andar en la carne, pecaremos, pero como 1Juan 2:1 nos recuerda, no tenemos que hacerlo: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis

Por Neil Anderson