sábado, 17 de noviembre de 2012

Cambio de Creencias (Por Neil Anderson)


Efe 2:4-5 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.

Jenny era una joven cristiana de veintitrés años con una personalidad aparentemente agradable. Ella tenía unos padres amorosos y asistía a una buena iglesia. Pero estaba deshecha por dentro, había experimentado una vida llena de depresión. Se había salido de la universidad y estaba a punto de perder su trabajo. Había sufrido de bulimia durante varios años y los tratamientos médicos para su problema parecían inútiles.

Yo estaba organizando un retiro espiritual intensivo de un mes para algunos de nuestros estudiantes en el seminario y de alguna manera yo sabía que Jenny necesitaba estar ahí aunque no fuera una estudiante en el seminario. La invité y para mi sorpresa aceptó a ir.

Poco después de llegar, me senté con ella en privado. "No te invité aquí para cambiar tu comportamiento" le dije, "tu comportamiento no es el problema"

"Siempre me han dicho que mi comportamiento es el problema" ella respondió, sorprendida ante mi declaración.

"No estoy preocupado por tu comportamiento. Son tus creencias las que me interesan. Estoy orando para que cambies tus creencias con respecto a Dios y a quién eres en Cristo. No eres una fracasada. Eres una hija de Dios, ni mejor ni peor que cualquier otra persona en este retiro. Quiero que comiences a creer en ello porque es verdad"

Por primera vez en su vida, Jenny había sido afirmada como la persona de valor para Dios que ella era. Y ella comenzó a creerlo. Durante los siguientes 30 días, una transformación milagrosa se llevó a cabo en Jenny. Sus circunstancias no cambiaron, pero ella sí.

Muchas veces tratamos de cambiar nuestro comportamiento sin cambiar nuestras creencias. No funciona así. Debemos cambiar nuestras creencias antes de que podamos hacer cambios significativos en nuestro comportamiento. Nada cambiará tu comportamiento más que un verdadero conocimiento de Dios y de quién eres como Su hijo.

Por Neil Anderson

ORACIÓN

Padre celestial, qué liberación tan privilegiada es poderte llamar mi Padre y darme cuenta de que soy Tu hijo.